MONA LISA
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el retrato (pintado) más famoso de la historia y quizás el cuadro más famoso de la pintura occidental, aunque los eruditos opinan que no por ello es el mejor, ni siquiera ocupa un puesto entre los 10 o 20 mejores. Su fama se deba tal vez a las múltiples referencias literarias, a las otras tantas interpretaciones sobre la protagonista y al robo escandaloso ocurrido el 21 de agosto de 1911 (fue robado por el pintor Vicenzo Perrugia que alegó “patriotismo”). Es además la última gran obra de Leonardo, si tenemos en cuenta que siguió retocándola hasta sus últimos años. Cuando marchó a Roma a instancias del nuevo Papa, su vida se hizo monótona y nada productiva. Falleció sin encargos importantes, bajo la protección de León X, Giovanni de Médici, hijo del gran Lorenzo de Médici.
Se cree que se trata de un retrato de encargo pintado por Leonardo da Vinci en la época de más fama y popularidad del pintor, época en que son varios los retratos que le piden realizar. Su cliente parece ser que fue el banquero napolitano Francesco di Bartolommeo di Zanobi, marqués del Giocondo (1460-1528), que se casó con Monna Lisa (Madonna Elisa Gherardini), hija del napolitano Antonio María di Noldo Gherardini. Monna Lisa y Francesco se casaron en el año 1495.
Todos los datos que se tienen de estos personajes protagonistas, su identificación y la historia del cuadro son a partir de los documentos de Giorgio Vasari (1511-1574) que escribió sobre la vida de los principales artistas de la época.
Vasari cuenta que Leonardo empleó en la elaboración del retrato unos cuatro años. Dice que Madonna Elisa tendría unos 30 años cuando posó para el retrato y que era la segunda mujer de Bartolomé marqués de Giocondo. En el texto incluye una afirmación que sorprende a los historiadores: “El retrato de Madonna Elisa está ahora en Fontainebleau”. Sin embargo, y dados ciertas imprecisiones de Vasari, hay eruditos que piensan que se trata de la española Constanza de Ávalos, o quienes la identifican con una amante de Giuliano de Medicis. Más audaces si cabe hay interpretaciones que afirman que se trata de un retrato de Francesco de Giocondo, e incluso un autorretrato del propio Leonardo.
Leonardo se lo llevó consigo a Francia y parece ser que nunca estuvo en posesión de la familia Giocondo. Se sabe que pasó a manos el rey francés Francisco I, aunque no está claro si en 1517, antes de la muerte del artista, o con posterioridad a su fallecimiento en 1519. Sin embargo, está comprobado que permaneció en las colecciones reales francesas y que en el siglo XIX Napoleón Bonaparte lo tenía a buen recaudo guardado en las Tullerías
Descripción de la obra
La dama está sentada en un sillón, apoyando sus brazos en los apoya brazos del asiento. Como telón de fondo aparece un paisaje inspirado en las vistas que Leonardo pudo alcanzar a ver en los Alpes, cuando hizo su viaje a Milán. “Los ojos de Monna Lisa tienen una brillantez lustrosa y los matices de la figura están realizados en colores pálidos, rosados y grises... Las pestañas y las cejas están perfectamente diseñadas, lo cual implica una gran técnica y mucha dificultad... La nariz es bellísima...
Dicen que mientras posaba tenía siempre alguien a su lado que cantaba o tocaba algún instrumento musical o contaba alguna historia, y de esa manera el gran pintor consiguió la expresión placentera y la sonrisa dulce de la Gioconda, algo enigmático que ha sido comentado siempre a través del tiempo.
Se puede apreciar la técnica leonardesca del sfumato (difuminado), consistente en una difuminación de los contornos de la figura que propician su sensación de tercera dimensión, su inmersión en la atmósfera y el paisaje que la rodean, potencianda además por el avance en la "perspectiva aérea" del fondo, que sería logro final del Barroco, y en la que los colores tienden al azulado y la transparencia, aumentando la sensación de profundidad.
Los críticos actuales confirman que es un bello retrato de mujer y aseguran que lo mejor del cuadro son las manos y por supuesto la enigmática sonrisa tan propia del autor.
Algunos historiadores opinan que la mujer retratada es el propio Leonardo da Vinci, quien se habría retratado a sí mismo con rasgos de mujer
La sonrisa
Margaret Livingstone, experta en percepción visual, desveló recientemente en el Congreso Europeo de Percepción Visual que se celebra en La Coruña que la enigmática sonrisa es “una ilusión que aparece y desaparece debido a la peculiar manera en que el ojo humano procesa las imágenes”.
En el siglo XVI Leonardo da Vinci pintó la Mona Lisa con el efecto de que la sonrisa desaparezca al mirarla directamente y sólo reaparezca cuando la vista se fija en otras partes del cuadro.
El ojo humano tiene una visión central, muy buena para reconocer los detalles, y otra periférica, mucho menos precisa pero más adecuada para reconocer las sombras. Da Vinci pintó la sonrisa de la Mona Lisa usando unas sombras que vemos mejor con nuestra visión periférica. Por eso para ver sonreír a la mona lisa hay que mirarla a los ojos o a cualquier otra parte del cuadro, de modo que sus labios queden en el campo de visión periférica.
Influencias y aspectos culturales
La Mona Lisa, posiblemente el cuadro más famoso del mundo, adquirió un estatuto de icono cultural. Son numerosas sus reproducciones y utilización en la publicidad, objetos cotidianos y también como referencia cultural. Algunas incluyen:
En 1919, el dadaísta Marcel Duchamp pintó una parodia de la Mona Lisa que incluía un bigote y perilla en la modelo y la inscripción LHOOQ (que --diciendo cada letra en francés-- se pronuncia "elle a chaud au cul", que en español significa 'ella tiene fuego en el culo').
Existen varias canciones dedicadas a este cuadro:
En 1950, Mona Lisa, una balada de Nat King Cole en homenaje al cuadro, fue el sencillo más vendido durante 8 semanas, alcanzando 3 millones de copias vendidas y fue prem1iada con un Oscar a la mejor canción en una banda sonora.
Mona Lisas and Mad Hatters de Elton John (Honky Chateau,


